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Por, sdfasd 18/05/2022

El hombre que ha puesto de moda el aceite de oliva en Chequia

La vida personal y profesional de José Carlos Lozano en Praga comienza como la de muchos extranjeros. Durante su época de estudios, conoció a una chica de la República Checa, Eva, quien actualmente es su esposa y compañera en un sueño hecho realidad: la venta de aceite de oliva español.

Ya desde sus primeras visitas, la idea de importar aceita de oliva rondaba su cabeza tras ver la poca calidad y los precios existentes en Chequia, donde de hecho, su uso no era especialmente popular hasta la última década.

José Carlos Lozano con su esposa Eva|Foto: archivo personal de José Carlos Lozano

Según cuenta Lozano para Radio Praga Internacional, como natural de Jaén, el tema del aceite siempre le hizo plantearse muchas preguntas.

“Llevo viniendo desde hace 20 años, y era lo típico que todos los españoles mirábamos el aceite de oliva. Yo también miraba la fruta, por ejemplo, pero por deferencia a donde nací, que soy de Jaén, miraba el aceite con más ahínco. Y veía que el aceite era muy malo y caro, y no comprendía por qué, quizás por los aranceles que había en ese momento. Así que empecé a investigarlo y entonces comencé a analizar la posibilidad de traer aceite, ya que todos los españoles traíamos una garrafa de aceite cada vez que viajábamos. Decidí investigar qué ocurría, por qué se consumía aceite de baja calidad y a un alto precio y por qué se consumía menos”.

José Carlos Lozano, que todavía era estudiante, estaba convencido de que un producto de esa calidad tendría su hueco en el mercado checo. Por ello, tuvo el valor de lanzarse a pesar de algunos comentarios pesimistas a su alrededor. Aunque ahora puede mirar atrás con orgullo y ver cómo su aceite es reconocido, el recorrido no fue ni mucho menos un camino de rosas, nos comenta.

José Carlos Lozano|Foto: archivo personal de José Carlos Lozano

“Como anécdota cabe destacar que estaba cenando con mi suegro y me dijo que no habría ningún futuro de vender aceite de oliva aquí porque en Chequia se comía mantequilla. Como yo ante la adversidad me crezco, dije: voy a vender aceite de oliva. Si una cosa he aprendido es a hacer lo contrario de lo que te dice la gente que piensa mal o es pesimista. Y bueno, empecé a importar aceite cuando yo era estudiante, no había comprado olivos todavía. Importé un palé junto a un colega francés. Pero no llegó a buen puerto. Al final, se consumió entre familiares y amigos, pero no fue algo que fuera un negocio. Pasó el tiempo, me puse a trabajar en algo totalmente diferente, pero nunca olvidaba la idea cada vez que viajaba a República Checa. Entonces, retomé con mi cuñada, que estaba de baja de maternidad, la idea de empezar de nuevo a traer aceite, y como ya había empezado a invertir en tierras en Jaén, empezamos de nuevo y comenzó a ir mejor. Los checos han cambiado muchísimo. Obviamente, algo que es un producto saludable, bueno para la cocina, futuro tiene en todos los países. La gente no quiere morir, queremos vivir mejor, estar más sanos, y eso empieza fundamentalmente con la dieta”.

Mudanza a la República Checa

Por fin, comenzaba a ver los primeros frutos de su aventura comercial checa mientras seguía viviendo en España. Sin embargo, y como tantos españoles vivieron de cerca en su momento, la crisis económica sacudió el país y José Carlos Lozano se vio ante un panorama inestable dentro su profesión. La encrucijada llegó pronto: había que buscar un nuevo destino si quería seguir trabajando. En este caso, los lazos familiares fueron un motivo de mucho peso.

El hombre que ha puesto de moda el aceite de oliva en Chequia

“Bueno, llego a Praga en 2012 después de terminar una obra en Barcelona, porque me dedicaba a la obra civil. Poniéndonos en contexto, eran momentos en los que la crisis era más profunda. La crisis comenzó en 2007-2008 con el estallido de la burbuja inmobiliaria, pero luego se acentuó en otros sectores y acabó tocándolo todo, en este caso la obra civil, que hasta entonces no se había visto afectada. Cuando se termina la obra había dos opciones, o irme a seguir haciendo obras a Sudamérica o a Centroamérica, en este caso a la ampliación del Canal de Panamá. O venirme a la República Checa con la familia. Acababa de nacer mi segundo hijo y era una situación especial, además habíamos comenzado con inversiones en República Checa, por lo que no tenía mucho sentido cruzar el charco sabiendo que teníamos olivos en España, inversiones inmobiliarias aquí y habíamos comenzado con la empresa de aceite de oliva”.

Nunca es fácil para un español adaptarse a la República Checa, aunque José Carlos Lozano llegó ya con un buen conocimiento del país y de sus costumbres gracias a sus numerosos viajes anteriores.

José Carlos Lozano con su familia|Foto: archivo personal de José Carlos Lozano

En su opinión, una de las peores barreras es el idioma, ya que considera que en otros aspectos la República Checa es cada vez más similar al resto de países europeos y es, sin duda, un lugar agradable donde vivir.

“Creo que el idioma sería una de las barreras que más se tienen al venir a este país. Es un idioma complicado que se tarda en aprender y que nunca se aprende bien. Una vez superada esa barrera, muchos lo tildan de ser un país frío. Aunque el frío es relativo. Porque hace frío fuera, pero en las casas se está más caliente que en España y en los bares igual. A mí el tema del frío no me importa, lo llevo bien. Otros dicen que hay menos ambiente, pero eso ha cambiado muchísimo. Hoy en día, en Praga hay una marcha igual que en España. En eso todos convergemos, nos gusta la fiesta, salir, divertirnos, comer, y poco a poco en eso no hay tantas diferencias entre la República Checa y países del entorno y de lo que llamamos el 'primer mundo' “.

Lozano habla con orgullo de las mejoras que se han podido ver en la República Checa en los últimos tiempos, donde un sector como el agroalimentario, que le toca de cerca, ha mejorado notablemente. Asimismo, se han dado grandes pasos en digitalización y alivio de la burocracia. No obstante, Lozano habla claro, el país tiene cosas que mejorar. Señala que tiene un gran problema con las infraestructuras que hay que solucionar para seguir avanzando económicamente. Aunque apunta que ve voluntad política para mejorarlo en los años venideros.

“Yo creo que los cambios que vamos a ver en los próximos años van a ser en temas de infraestructura, que todavía son deficientes en la República Checa. Es el único hándicap que le veo al desarrollo de la economía en el país. Y creo que lo tienen como base de un crecimiento y que van a apostar por él”.

Presidencia de la COCERC

Un punto clave en la vida de José Carlos Lozano en este país fue la fundación de la Cámara Oficial de Comercio de España en la República Checa (COCERC) y su nombramiento como presidente de esta en noviembre de 2019.

Se trata de una cámara joven pero que ha reforzado notablemente los lazos de amistad y profesionales entre muchos españoles que viven en Chequia, así como los de algunos checos que tienen conexiones con España.

Una de sus principales motivaciones como presidente para el futuro es aumentar el contacto entre los socios y ayudar a traer trabajadores cualificados a la República Checa.

“Para el año que viene, en la Cámara Oficial de Comercio de España en la República Checa lo que nos planteamos es ahondar en las relaciones que hemos creado en estos dos años, que han sido dos años intensos con la pandemia. Lo que no ha posibilitado el acercamiento social, sobre todo el presencial. Lo que vamos a intentar el año que viene es realizar más actividades presenciales, intentar atraer empleo, que es uno de los problemas que tienen en la República Checa, la falta de trabajadores. A ver si con acuerdos somos capaces de solventar o al menos poner nuestro granito de arena en este problema que nos comentan nuestros socios, para que no sea un lastre para la economía y para el futuro de estas empresas”.

José Carlos Lozano y su familia han ayudado a que el aceite español tenga un sitio preponderante en la República Checa, pero como demuestra su historia, pocas cosas se consiguen sin empeño y rindiéndose tras los primeros fracasos.