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Por, sdfasd 13/09/2022

'Cruella' y la moda punk del Londres de los 70: Una revolución contra la tradición


    "El punk no ha muerto", cantaba —gritaba— en 1981 la banda escocesa The Exploited, que se rebelaban contra la idea de que, tras poco más de un lustro, el movimiento punk se había desvanecido. No, el punk nunca murió, aunque nunca volvió a ser lo que fue. Lo que hizo fue impregnar todo tipo de corrientes y disciplinas artísticas, y su influencia vive hasta nuestros días, ya a un nivel primario procesado en la moda mainstream de centro comercial o más profundamente como un espíritu de inconformismo y defensa de la diferencia.

    Ese legado se ha reivindicado en el lugar menos pensado: la nueva película de Walt Disney Pictures, Cruella, que cuenta la historia de la villana del clásico 101 dálmatas, Cruella de Vil. Ella, como el punk, ha visto traspasada su esencia a un envoltorio más digestible y comercializable. Pero ella, como el punk, también es una disruptora de tendencias que ambiciona poner contra las cuerdas al poder y las convenciones, en este caso, de la moda. Mate o no perritos por el camino. La película, dirigida por Craig Gillespie y protagonizada por Emma Stone, se ambienta en el Londres de los años 70 y utiliza como contexto de su historia la confrontación entre la tradición y el punk, entre las revistas de moda y los fanzines.

    En ese escenario, una joven Estella ambiciona convertirse en diseñadora de moda a pesar de vivir en la calle con sus dos amigos y no tener ningún tipo de recursos. Y ahí empieza a formarse su espíritu punk: es una abanderada del Do it yourself, de los materiales reciclados y reutilizados, de los maquillajes llamativos y el cuero. Y por no hablar de ese pelo bicolor que la encaminó desde el nacimiento a ser una persona diferente. Desde su infancia rebelde hasta su juventud rabiosa, el personaje encarna el espíritu de la época y su fondo de armario, diseñado por Jenny Beaver, es un testamento de la misma. Y es que, más allá de que Cruella sea o no una buena película, al menos nos permite tirar de sus hilos para encontrar, ahora sí de verdad y no de postureo, la esencia del punk setentero británico.

    Laurie Sparham / Walt Disney Pictures
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    Londres, años 70: La era del punk

    Había ira y frustración. Había ganas de romper guitarras y teñirse el pelo del color más llamativo posible. Había un sentimiento de desesperanza y al mismo tiempo de lucha. Todo esto empezó a burbujear en la década de los 70, y acabó convirtiéndose en un estilo (de cantar, de vestir, de vivir) que iba contra todo y contra todos. "El punk fue una energía creativa que nació por accidente. Fue una reacción contra el abotargamiento de lo que estaba sucediendo en todas las esferas del arte e hizo que todo pareciera posible. Y por un tiempo, así fue", afirma el DJ Lindsay Hutton, creador de The Next Big Thing, uno de los fanzines más célebres de aquella época. Por un tiempo. Y es que nada es para siempre, y el capitalismo tiene esa manía de coger algo auténtico y empaquetarlo para su venta. Algo como Cruella. Aun así, en la película podemos ver una influencia que nos ayuda a entender (o, al menos, a recordar) aquellos años en los que llevar un pin en la chulapa era siempre una declaración de intenciones.

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    Hay un nombre fundamental no solo en la escena punk londinense, sino también en la película de Gillespie: Vivienne Westwood. La diseñadora de moda formó junto a Malcolm McLaren una tienda de ropa en el 430 de King's Road, en Chelsea. Allí nació la estética punk, alejándose de la década hippie y recuperando la esencia rock'n'roll, vendiendo prendas provocadoras que a principios de los 70 aún pocos se atrevían a llevar. En 1974 la bautizaron como SEX, posiblemente su nombre más célebre, y alimentaron la moda underground con mucho cuero, látex, imperdibles y púas. En tan solo dos años, ahora bajo el nombre de Seditionaries: Clothes for Heroes, Westwood se convirtió en un icono y sus prendas se esparcieron por el mundo gracias en gran medida al grupo Sex Pistols, de los que McLaren era mánager. A finales de los 70, la diseñadora y su tienda ya habían empezado a influir a toda una generación de jóvenes británicos descontentos con el mundo y que querían desesperadamente expresarlo con su forma de vestir.

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    'Cruella' y la moda punk del Londres de los 70: Una revolución contra la tradición

    En una entrevista Collider, la diseñadora de vestuario de Cruella, Jenny Beavan, explica cómo influyó la época en la película:

    Beavan cita a Westwood, a la marca BodyMap y a Galliano, y explica cómo el punk funciona como la antítesis perfecta de la Baronesa (Emma Thompson), la antagonista del filme, que representa la tradición. Y es que ese era el espíritu del punk: romper con lo anterior, con todo. Coger lo viejo y hacer algo nuevo. Por eso es imprescindible que estos modelos no recurran a piezas exclusivas o materiales caros, sino que estén construidos desde la limitación de recursos, la idea de reciclar y reutilizar, del hacerlo tú mismo, de hacerlo único. ¿De qué otra manera podríamos representarnos a nosotros mismos mejor?

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    Lo que se rompieron también fueron en muchos casos los roles de género, y en la época destaca el cantante David Bowie, que tiene su propio homenaje en Cruella. En cierto momento de la historia conocemos a Artie (interpretado por John McCrea), dueño de una tienda de moda que se une al equipo de la protagonista para revolucionar el Londres de la época con nuevos y frescos diseños. Con una figura muy delgada y estilizada, maquillaje en los ojos, un corte de pelo al estilo mullet y unas prendas coloridas y profundamente setenteras, Artie es la reencarnación del mismo Bowie. Hasta canta una canción de la banda sonora (I wanna be your dog).

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    Aun así, David Bowie no encaja en lo que típicamente identificamos por punk de finales de los 70. Claro, él era un artista camaleónico que se transformaba cada poco tiempo en un nuevo personaje, así que en una fase de su carrera tuvo claras influencias del movimiento. Su espíritu rebelde e irreverente, eso lo tuvo siempre. En el movimiento hay elementos de moda muy claros e identificables. Por ejemplo, las chaquetas de cuero, todo un clásico para el estilo motero que tan pronto podías ponerte con unos pantalones vaqueros como con un vestido de colores chillones. El cuero como material causaba furor en la época, y además conectaba con una estética fetichista donde no faltaban los brazaletes y gargantillas con pinchos.

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    Como veíamos en la foto anterior de las camisetas de Vivienne Westwood, el mensaje político era otro elemento imprescindible de la estética punk. Y algo que Cruella se dejó por el camino. Ser un punk en los 70 no era ser un rebelde con causa, ya fuese simplemente expresar la individualidad frente a las convenciones establecidas o llegar hasta el discurso político. Sin importar dónde se situasen en ese espectro de compromiso político, los símbolos provocadores eran habituales en las camisetas, chaquetas y no olvidemos los pins. Era más que habitual ver prendas completamente cubiertas de pins (con su correspondiente imperdible, otro sospechoso habitual de la época) que se aprovechaban para lanzar todo tipo de mensajes. O simplemente porque quedaban guay.

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    ¡Y lo militar! Una tendencia que arrastramos hasta nuestros días. Bueno, ahora estamos en la fase "chaqueta de director de circo", pero todavía sigue patente las fascinación por la estética militar, especialmente en las chaquetas. Cruella también se hace eco de este estilo, en particular con un modelo que no ha pasado desapercibido, que lleva el uniforme a una dimensión glam, barroca y brillante que más de una espectadora querría tener en su armario. Es además un outfit que ejemplifica bien cómo el punk de la película lleva sus influencias más allá del núcleo auténtico del movimiento.

    Laurie Sparham
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    Más allá de las prendas de ropa, lo que representaría mejor que nada al punk era la música. Junto a Doctors of Madness y por supuesto los Sex Pistols, una banda que dominaría musical y estéticamente aquellos finales de los 70 fue The Clash. Sus temas, su estilo y su actitud son ejemplos perfectos para entender lo que se cocía en el Londres de aquellos años.

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    También la portada de su disco, London Calling, en la que se ve una foto descolorida y desenfocada donde un bajista destroza una Fender Precision contra el suelo en un ataque de ira. Con esa foto tomada accidentalmente por Pennie Smith se creó una de las portadas más icónicas de la historia del punk, una portada por la que el cantante Joe Strummer luchó e insistió, porque, decía, les representaba a la perfección. A ellos y a toda una generación movida por el activismo político, el deseo de cambio y la furia contra el sistema. Eso mismo representaron otras bandas como X-Ray Spex o The Adverts, con canciones con fuertes mensajes socioculturales y políticos, aunque el punk encontró formas musicales de todo tipo en otras agrupaciones como Siouxsie and the Banshees, Wire, Subway Sect y The Slits, entre otras.

    Laurie Sparham / Walt Disney Pictures
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    Pero, ¿quién estaba en el lado contrario? El establishment, claro. El poder. Las convenciones. Los que poseen los recursos. En Cruella, esa es la Baronesa von Hellman, la diseñadora de moda más importante del Londres de la época. Es una suerte de Miranda Presley de El diablo viste de Prada, implacable con sus empleados y con una actitud muy vampírica: busca la autenticidad y el talento de jóvenes aspirantes para quedárselo para su propia firma. ¿Y el crédito? Pues ya os imagináis. Lo cierto es que es un acierto escoger este personaje como contrapunto de una estética punk: es, desde luego, lo que cualquier joven punk de los 70 hubiese rechazado hasta la médula.

    El estilo de la Baronesa, como ha contado Beaven, se inspira en aquello que podrías haber encontrado en la época al abrir una revista Vogue. O al pasearte por alguna pasarela de la parte rica de la ciudad o ver al pasar en los escaparates de Dior o Balenciaga. Incluso hubo una inspiración de María Antonieta para el baile ambientado en el siglo XVIII al principio de la película. El personaje canaliza el estilo de las típicas estrellas clásicas del cine, de Joan Crawford a Elizabeth Taylor, con moños increíblemente altos, figuras muy definidas y opulencia a más no poder.

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    En Cruella, vemos a Thompson luciendo turbantes, gafas de sol enormes, peinados hechos para impresionar, maquillajes sobrios... Vaya, todos esos elementos que veríamos en las grandes divas de la gran pantalla, en las páginas de las revistas de moda más cotizadas, en los escaparates más de ensueño y en ese tipo de moda que representa la tradición, lo establecido, las convenciones. No es que carezcan de méritos, claro, sino que defienden un status quo que el movimiento punk rechaza. Y por eso es una confrontación simple, pero efectiva: los de abajo contra los de arriba, los pobres contra los ricos, los convencionales contra los diferentes. Elige tu batalla.

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    Es interesante cómo en Cruella hay estas tensiones entre dos movimientos, dos formas de ver el mundo y, claro, dos maneras distintas de entender la moda. Y es curioso cómo es el punk el que, al final, se alza como vencedor de la batalla. No podría ser de otra manera: hoy día, esa ira por la degradación progresiva del mundo parece estar resurgiendo. Cada generación tiene su límite, cada era encuentra su catarsis. Los años 70 fueron un punto de inflexión para la cultura, desde las inquietudes irreverentes del Nuevo Hollywood hasta las bandas punk que lanzaban sus mensajes a grito pelado. No podemos saber si habrá una nueva revolución, si será televisada o vivirá en las redes sociales. Quizás no la haya nunca. Pero lo que está claro es que volver a los años del punk nos inspira. Y nos invita a ponernos un poco de mala leche, también.

    En un artículo de la web musical Pitchfork, escriben:

    El mundo, en realidad, no cambió. Pero siempre estamos a tiempo de volver a intentarlo.

    Walt Disney Pictures